Observatorio Guadalupe

Los Molokanos: semillas de comunidad y trabajo

La colonia rusa que sembró raíces en Guadalupe

A principios del siglo XX, el Valle de Guadalupe fue asentamiento de un grupo de familias inmigrantes de la secta religiosa molokan. Esta comunidad llegó con el permiso especial del entonces presidente Porfirio Díaz, en el contexto de las leyes de colonización de 1883, que promovía poblar las regiones menos habitadas del país.

Con el apoyo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, se fundó la Empresa Rusa Colonizadora de la Baja California, Sociedad Cooperativa Limitada, representada por tres de sus integrantes: Basilio Pivovaroff, Basilio Tolmasoff y Simón Babishoff. El Diario Oficial, en su número 17 del 20 de marzo de 1906, publicó el contrato donde se establecía el compromiso de asentar al menos cien familias en un plazo no mayor a dos años.

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Foto: Recopilación de la Mta. Yolanda Sánchez Ogaz 2

El 20 de julio de 1907, se firmó el contrato de compraventa del predio con su entonces propietario, Donald Barker. Se pagaron 48,000 dólares por una extensión de 5,226.83 hectáreas.

Durante unos treinta años, la colonia rusa floreció sin grandes conflictos, desde el final del Porfiriato hasta 1937. Sus habitantes se dedicaban principalmente a la agricultura y la producción de alimentos: cultivaban trigo y hortalizas, elaboraban pan, conservas, lácteos como queso, mantequilla y leche, y criaban aves de corral como gansos y patos, aprovechando tanto su carne como sus plumas para confeccionar cobijas, almohadas, colchones y ropa.Con la llegada del general Lázaro Cárdenas a la presidencia, se manifestó el respaldo al derecho de posesión de las tierras por parte de las y los inmigrantes rusos. Sin embargo, en paralelo, la política agraria oficial impulsaba la creación de ejidos y la expropiación de grandes propiedades. Esto propició el movimiento conocido como El asalto a las tierras, que dio origen al ejido El Porvenir y a la colonia agraria Francisco Zarco.

Ante el temor de perder sus tierras, muchas familias de la colonia iniciaron trámites de nacionalización en 1942. Posteriormente, en 1947, el representante de la comuna impulsó la adjudicación legal de las parcelas ante el juzgado civil de Ensenada. Gracias a este esfuerzo, lograron titular sus propiedades individuales por medio de un juicio ordinario civil, con una sentencia dictada el 26 de julio de 1947 por el juez mixto de primera instancia del partido judicial de Ensenada.

Con el tiempo, y debido a la parcelación del terreno, varios miembros de la colonia vendieron sus tierras a personas externas. Poco a poco, la comunidad original se fue dispersando, hasta desaparecer como colonia organizada.

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