Lazo profundo con la tierra y la comunidad
Los indígenas kumiai nombraban Ojá Cuñurr, que significa Piedra pintada, a este paraje que han habitado por más de dos mil años.
Estas comunidades eran seminómadas, es decir, se movían dependiendo de la estación, siguiendo rutas tradicionales que les permitían aprovechar de manera equilibrada lo que la naturaleza les proporcionaba. Sus asentamientos se ubicaban temporalmente en cuevas, resguardos rocosos o viviendas improvisadas, siempre cerca de aguajes, cañadas o arroyos. El sustento lo encontraban en el entorno: cazaban, pescaban en ríos y recolectaban moluscos, frutos y semillas silvestres.
Las familias kumiai tradicionalmente se organizaban en clanes de familias extensas. Cada grupo podía contar con entre 20 y 50 personas, y podían formar rancherías de hasta 200 integrantes. Estas rancherías eran guiadas por un líder (o capitán como les llamaban los españoles).
Los kusyay eran los responsables de los procesos de curación de los pobladores. Los curanderos eran considerados personas sabias, sus conocimientos sobre plantas tradicionales fueron heredados de generación en generación. Los kusyay también recurrían a prácticas espirituales, como el contacto con los antepasados, el uso de pipas de piedra para succionar el malestar, y rituales de canto, danza y conjuros para acompañar los procesos de curación.
La lengua kumiai forma parte del tronco lingüístico yumano-hokano, y está emparentada con otras lenguas habladas en la región que abarca el norte de Baja California y el sur de California y Arizona, en Estados Unidos. Esta conexión lingüística refleja también los lazos profundos, culturales, históricos y familiares, que el pueblo kumiai mantiene con sus comunidades hermanas al otro lado de la frontera.

